2015/08/26

soubrette

Hace unos días murió Soubrette du Clevillage, uno de mis sumisos personales. Estuvo conmigo durante 7 años. Me consintió hasta donde le dieron la vida y las circunstancias. Cometimos un sinfín de tropelías. Le gustaban la música pesada, las máscaras fetish, jugar con hielo. Me enseñó el sentido profundo de la humillación. Por él aprendí a comer pulpo a la plancha. En una de nuestras tantas sesiones descubrimos que las gelatinas de bolsita eran geniales para luchitas de sploshing en el jacuzzi. Nos gustaba ir al cine. Hablábamos de historia, de política internacional. Sabía con precisión dónde estaban y qué eran los edificios públicos que se cayeron en los sismos de 1985. Salvaba suicidas. Me gustaba parar en la carretera a comer tamal dulce de elote con crema y queso en nuestros viajes a Acapulco. Su partida ha sido la pérdida más conmovedora desde que murió mi padre. Pero lo hermoso de esta historia permanecerá por siempre, reverberando.