2012/02/19

Estampas de mi viaje a Nueva York

Acabo de volver de Nueva York. Estuve casi dos semanas fuera de casa, en un aventura que se generó tras la selección de mi cortometraje “Bounty Hunters” (“Cazarrecompensas”, en español) para el prestigioso festival CineKink, y por la cual estoy profundamente agradecida.
Viajar es una de mis grandes pasiones. Me permite vivir otras realidades, expandir y profundizar lo que siento y entiendo. Degustar platillos diferentes, apreciar sonidos novedosos, interactuar con personas distintas y sumergirme en otras culturas: pocas cosas son más valiosas e interesantes para mí. Y en este caso, yendo con el claro afán de conocer la escena BDSM/Fetish en la (todavía) capital del mundo, obtuve una experiencia que me dejó impresionada, satisfecha… y exhausta. Me ha llevado varios días escribir esto.
Inicié esta aventura en LaDomaine Esemar, un mítico BDSM chateau fundado en 1993 en medio del bosque, a 40 minutos de Albany, la capital del estado de Nueva York, muy cerca de la frontera con Canadá, y como a cuatro horas de NYC (la ciudad). Tenía referencias por foros internacionales y la invitación expresa de Master R., su líder y fundador, hacía más de un año. Pensaba que algún día iba a tener la oportunidad de conocer el sitio, y hace algunos meses incluso leí esta RESEÑA de Vendela Zane reconocida dominante profesional, quien contaba maravillas de lo bien educados que estaban sus esclavos, de lo delicioso de sus comidas y en general de su hospitalidad. Y ahora pude comprobar todo ello en persona.

Este sitio es un hogar, no un hotel ni una cuadra, ni tampoco un simple centro de entrenamiento. Amos y esclavos conforman una familia, y son tan cálidos como lo es la propia casa, en cuyo centro se encuentra una hermosa chimenea que irradia tanta energía como la felicidad que todos y cada uno proyectan, fluyendo cada uno en su papel, cumpliendo con sus respectivas obligaciones: unos, trabajando u ofreciéndose para uso o servicio, desnudos, con las palmas de las manos hacia el frente y hacia arriba en señal de receptividad; otros, tomando decisiones y ejerciendo su dominio, pero todos tranquilos, amistosos, serenos, contentos. Antes de llegar me preguntaron si prefería almohadas de plumas o de espuma, si comía picante, si me gustaban las setas. Me recibieron en el aeropuerto y cargaron mis maletas.
Me otorgaron el cuarto de visitas, que tiene una gran tina en el baño, junto a la cual están varios dibujos de "Jova" como el de al lado, una buena dotación de instrumentos de SM por si uno desea divertirse en privado, y una excelente biblioteca de libros y revistas de diversas épocas, desde los clásicos que hicieron las primeras clasificaciones de las entonces llamadas “desviaciones sexuales” hasta las modernas elaboraciones de la diversidad sexual. Teoría sexual, danza, música, política, filosofía: la conversación con Master R, recorrió muy diversos tópicos a lo largo de tres de los más interesantes y satisfactorios días de mi vida. Tuve la oportunidad de apreciar su habilidad y formación profesionales tanto en la música como en la cocina, y de abrir mis criterios al escuchar una frase suya que aún resuena en mí, después de haber sesionado yo misma en la casa, y de haber asistido a una de sus fiestas privadas de juego: "Aquí no usamos palabra de seguridad. Confiamos en nuestros dominantes, en su experiencia y en su sensibilidad".
Esta acogedora casa tiene un inmenso sótano, y ahí, un extenso calabozo de 1,250 pies cuadrados, con tres grandes secciones y varias estaciones para diversos tipos de juego, incluyendo las prácticas médicas y las transformaciones de género, pero sobre todo, bancos, potros, postes y docenas de instrumentos de goce y de tortura, muchos de ellos piezas únicas realizadas ex profeso, como los látigos con garras de águila (que sólo pueden cazar los pueblos originarios) o las fustas de cuerno que utilicé para satisfacer la sed de sangre del primer masoquista que se entregó a mis manos… y la mía. Pocas veces me he sentido tan apreciada, y en toda mi intensidad: en lo sensual y en lo sadista, en lo artístico, en lo intelectual. En este sitio entendí que el protocolo es más que sólo una forma, y descubrí nuevas dimensiones del honor, de los límites, de la confianza. Aquí el escuchar de un esclavo “lo que Usted quiera” es mucho más que sólo una frase.
Y al comenzar la lectura de la biografía de Master R (autografiada para mi, por cierto) ya entiendo por qué. Los intercambios fueron muy personales, desde Mistress-More, la nueva Jefa de la Casa, con quien hablé entre otras cosas de lo que implica trabajar con personas con necesidades físicas especiales… hasta el más novato de los esclavos, quien me habló de cómo recuperó la felicidad y la salud en LaDomaine mientras se encargaba de mantener caliente mi spa de pies. Cada una de las conversaciones enfocó los temas más trascendentales: el servicio, el amor, la felicidad, el profundo significado de la Dominación. Recibí la generosidad de un Master experimentado, Sir Gary, quien sin reserva alguna me enseñó su técnica para el látigo de tres pies, mientras las lágrimas en los ojos de su esclava delataban una devoción sin límites y una felicidad total. Atestigüé cómo una esclava había sido entrenada para llegar al orgasmo bajo comando, después de haberme ofrecido su cuerpo y haber adorado el mío, ahora sin el menor tacto, sólo con el sonido de una cuenta regresiva del trece al cero... Esta es la reseña que Master R. hizo de mi visita, y algunos comentarios de otros miembros de la familia (acceso a miembros de FetLife): https://fetlife.com/groups/18689/group_posts/2190074
Mexican Harlem Al día siguiente de la fiesta desayuné con café y pan de grano entero con mantequilla y miel de maple, y tras recibir un par de raciones de un delicioso conejo guisado por Master R para llevar, una esclava de La Domaine me llevó a la Ciudad de Nueva York, donde por primera vez en Estados Unidos recurrí a mexicanos. En mis viajes anteriores siempre había limitado mi convivencia con mis compatriotas a propósito, buscando sumergirme en otra cultura y por supuesto en otro idioma. Pero esta vez no sólo fue necesario, sino indispensable, pues muchos compromisos fueron cancelados de última hora. Pregunté, pedí ayuda, y sin conocerme, un mexicano amigo de un amigo me dio las llaves de su casa en Harlem. Me recibió, me dio su único juego de llaves, y se fue a trabajar. Así nomás. Entonces fui a buscar a un cerrajero, y mientras casi todos veían la final del Super Bowl, me subí al Metro y me encaminé a una reunión social de Amos y Esclavos que en horas de la tarde habían estado discutiendo en una reunión previa el papel del protocolo en la resolución de conflictos. La mayoría de ellos actualmente involucrados en relaciones D/s, y muchos, incluso viviendo en este tipo de hogares 24/7. Por cierto, uno de sus líderes también de ascendencia mexicana.
Fui a buscarlos a un bar irlandés en Greenwich Village, donde a la salida del metro me encontré un anuncio espectacular con dos hombres besándose, estratégicamente ubicado en un prominente crucero. “Esto sólo puede verse en Nueva York”, me dije a mi misma al notarlo, desde una tienda de productos gourmet donde compré mi desodorante favorito: Tom de Maine, el cual por cierto no se consigue en México (aquí aún se venden puros antitranspirantes). En este barrio hay varios locales de ambiente gay y leather, y tiendas como The Leather Men, a donde corrí una hora y media después, acompañada de un novato local urgido de juego, a buscar mi propio látigo corto de tres pies… como el que aprendí a usar el fin de semana en LaDomaine, y del cual quedé irremediablemente enamorada.
La siguiente mañana fui a visitar mi primer dungeon en Manhattan. Mi intención era satisfacer dos añejas curiosidades: una, comprobar si era verdad que el estilo neoyorquino era más SM-duro que fetichismo y dominación sensual, como dicen en la Costa Oeste; y dos, conocer cómo son las Casas de Dominación. Ya me habían advertido que NYC estaba saturado de “houses” y “prodóminas”, y que muchas de ellas eran simplemente jóvenes modelos en atuendos fetichistas blandiendo un látigo… pero yo quería saber, ver, estar ahí. Y aunque no debo contar detalles, puedo decir con orgullo que lo hice.
Ciertamente, hay varios de estos locales en un radio bastante limitado, digamos que entre las calles 20-30 y entre la Primera y la Séptima avenidas. Se dicen muchas cosas de ellas, unas verdaderas y otras falsas. Pero verdadero es que en 2008, tras la muerte por asfixia de un cliente que fue dejado a solas en un cuarto con una cuerda alrededor del cuello, la policía de Nueva York realizó allanamientos y detenciones, clausuró estudios, inició procesos penales… y ahora están prohibidas muchas cosas, entre ellas cualquier clase de penetración, incluso de un dedo o un tacón en la boca, ¡y ni hablar del strapon! La política y la legislación anti-prostitución en el estado de Nueva York incluyen la prohibición de tocar los genitales de una persona a cambio de dinero… algunos me advirtieron que ni siquiera con los pies. No se permite ninguna clase de lluvia, ni siquiera saliva, y pues tampoco morder, debido a la regulación sanitaria, y la paranoia es tal que ni la chica ni el cliente pueden estar completamente desnudos y hasta las nalgadas con el calzón abajo son peligrosas, pues pueden implicar la “intención de excitar”. En contraste, ¡es perfectamente posible ponerle una tunda al cliente hasta hacerlo sangrar! ¿SM-duro? ¡Vaya! En Nueva York no se puede pagar por caricias… pero sí por golpes. En fin: esa es la realidad. Durante la semana visité varios estudios e incluso logré tener algunas sesiones formalmente como lifestyler. Hice buena amistad con la dueña y las chicas de Le Salon de Sade, que me consta evadían con frecuencia las trampas de supuestos clientes, probablemente policías encubiertos, que por teléfono pedían “tease & denial” y ya en el lugar insistían en prácticas ilegales, especialmente lluvias y strapon. Estuve en un local de suntuosas alfombras y opulentas esculturas asiáticas donde se realizan fiestas fetichistas. Y tuve la dicha de usar las inmaculadas instalaciones del New York Rubber Studio de Arianna Chevalier.
Pero no sólo eso: también comí delicioso, entre otros, gracias a un sumiso que me buscó por primera vez en México hace como un año y medio, quien me llevó al mejor restaurante de carnes de la isla… donde pedi ¿qué creen? ¡Un delicioso New York Steak, crujiente por fuera y jugoso por dentro! Otra cosa de la cual “ya no me cuentan”. Además, generosamente ¡me obsequió mi largamente anhelada Violet Wand! Una preciosa wand eléctrica de la más alta calidad, fabricada por Rupert Huse, empacada en un estuche lleno de los más diversos y malvados aditamentos, y distribuida por la bien conocida tienda kinky “Purple Passion”… de donde también proviene un par de medias de suela cubana y el segundo de mis nuevos látigos: un precioso singletail de dos pies, de color morado.
Ah, bendiciones! Aunque los neoyorquinos me decían que el clima este año era bastante benigno, hubiera sucumbido a los vientos helados y la lluvia de hielo. Pero sobreviví con la bendición de Mis Santos y la protección de mis amigos...gracias al abrigo de piel que me prestó mi madre… y al suéter y los guantes me obsequió un admirador que me había estado escribiendo meses antes...
Con él solamente me vi para tomar un café: no se atrevió a acompañarme a una fiesta donde pudo haber realizado el anhelo de ser humillado por su musa, de besar Sus botas, de adorar Sus Pies… temiendo, quizá con razón, el no poder ser nunca más libre de nuevo. Una persona de buen corazón que hizo amable mi estancia en Nueva York para presentar “Bounty Hunters” en el festival CineKink, que por cierto es la segunda vez que programa una producción realizada por la Familia Jaguar bajo Mi dirección, a partir del deseo del sumiso: primero metalhead; ahora, cachorro {Jg}.
Las actividades del festival iniciaron con un cocktail que abrió con un número de burlesque, género escénico que ha resurgido en Estados Unidos durante los últimos años, y tras el cual vi tres cortos excelentes, entre ellos una hermosa lírica visual sobre la atracción de dos vaqueras lesbianas que inician muy machas en un pastizal con sus cabalgaduras y terminan fundiéndose en medio de una muy femenina y poética animación en el back...
...y una orgía de tambores, sexo y sacrificios de impecable factura fílmica y coreográfica, más allá de los tabúes contemporáneos, una bacanal irrefrenable y deleitosa.
Cuatro días después tocó el turno de “Bring It”, la presentación de varios trabajos del cine para adultos alternativo, dentro de los cuales estaba mi película. Muchos dirían que este fue el programa del “porno alternativo”, aunque para mí, el mostrar lo bien dotado que está el cachorro es simplemente algo que viene a cuento por lo que se está contando. De las otras producciones de este programa, dos llamaron especialmente mi atención, aunque la que ganó el premio de la audiencia fue otra: Live Sex Show, una edición de escenas grabadas durante el Masturbatón de San Francisco, donde la mítica Nina Hartley, madura, plena y sonriente, hace y se deja hacer por la guapa andrógina Jiz Lee.
Personalmente, a mi me gustó más “Rough Sex” de Tristan Taormino, donde la misma Jiz Lee comparte escena con Adrianna Nicole, quien aparece súper linda y súper femme entornando las pestañas y dejando los ojos en blanco durante el orgasmo, en esta hermosa pieza que tampoco me pareció tan ruda y en la que, por cierto, predominan los blancos. Y la otra producción que creo que me aportó más fue “Sexing the Transman XXX”, de Buck Angel.
En esta pieza Buck Angel, reconocido actor porno transexual de mujer a varón, aparece gruñiendo y bufando, barbudo, cogiendo con la gran fuerza y desinhibición de su cuerpo tatuado, musculoso y con vulva, a Fallen, otro chico transexual.
Lisa Vandever, Strap-on Jo & Jaguar en la alfombra roja (foto: Stacie Joy/CineKink) Al final de la proyección mi ahora amiga Strapon Jo y yo estuvimos conversando con el público, y debo decir que nuestro trabajo fue bastante bien recibido. El de ella, en tanto traspasa el lugar común que asume que el ponerse el strapon es forzosamente un acto de Poder y dominación. Ella, por el contrario, afirma que tanto da como recibe, simplemente, por placer. Y “Bounty Hunters” obtuvo muchos buenos comentarios porque rezuma amor. Sí. Porque a pesar de que muestra castigos serios con la vara de ratán y chorros de agua a presión, choques eléctricos y golpes directos a los genitales, las interacciones son traviesas y sensuales… y por si alguna duda cupiera, rematan el disclaimer final de mi parte, las pícaras palabras de Farinna… y la sonrisa juguetona y satisfecha de cachorro {Jg}.
Al día siguiente de la proyección me cité para desayunar con un dulce sumiso también de origen mexicano, residente en EU pero viajero del mundo. Nos habíamos estado carteando también hacía cierto tiempo y finalmente pudimos conversar del “lifestyle” en vivo mientras tomábamos café y comíamos deliciosas frutas orgánicas y pan artesano. ¡Cómo me gustará verle de nuevo y ponerle los pies en la cara, en Nueva York, en México o en cualquier otra parte del mundo!
De este viaje regreso con más experiencia y mejor entendimiento, más amistades, instrumentos nuevos y un par de fotos como ésta, que fue tomada en el aftermath de mi última sesión en Nueva York, antes de volver a casa… más segura que nunca de mi propio camino, de mi identidad, de mi propia búsqueda y mi posición. Más segura que nunca para tomar con dulzura, rudeza y pasión a quien quiera venir conmigo. (Foto: Hank Frank)